EL MOVIMIENTO EGOÍSTA
Los egoístas (de derecha a izquierda):



El pasado noviembre fallecía uno de los gurús de la ciencia-ficción contemporánea, Michael Crichton y esta mañana leíamos en The New York Times que la editorial HarperCollins tiene ya entre manos dos nuevas novelas del escritor estadounidense -una, terminada y la otra, esbozada- que podrían ver la luz a lo largo del 2010.

por Cristina Castillón
La primera, titulada Pirate Latitudes y ambientada en la Jamaica del siglo XVII, caerá en manos de sus fans, tras una "ligera" revisión, al cumplirse el primer aniversario de la muerte del creador de Urgencias. Según su editor, Jonathan Burnham, firmó esta obra mientras terminaba su última novela, Next. La segunda es un thriller tecnológico, marca registrada del creador de La amenaza de Andrómeda y Parque Jurásico, compuesto por apenas unas páginas.
Según Brunham, "hay notas e indicaciones acerca de la dirección en la que iba la novela (inacabada)", así que ha puesto el cartel de Se busca negro literario de alto nivel. Se valorará experiencia. Ambas obras podrían tener tirajes en Estados Unidos de más de un millón de ejemplares.
No ha trascendido la última voluntad literaria del escritor, pero es gratis preguntarse: ¿Es lícito publicar textos póstumos cuando de inédito tienen más bien poco y de refritos de ambiciosos ayudantes, desconsoladas viudas o ávidos editores bastante más?
Los ataques de El Chacal
Hace unos meses, los medios de comunicación y los lectores éramos testigos de la batalla encarnizada entre herederos de Vladimir Nabokov. El padre de Lolita ordenó incinerar unos textos inacabados que tres décadas después su hijo y el implacable agente literario Andrew Wylie, más conocido como El Chacal, han vendido al mejor (o más insistente o más respetuoso) postor. Anagrama se ha llevado el gato al agua en lengua española y publicará El original de Laura.
Si una novela, se quedó en un cajón, quizá deberímos respetar los deseos de su autor. No todo es publicable, no todo es público. Julio Cortázar contaba que gran parte de su trabajo creativo terminaba en la papelera o en algún rincón de la cómoda, entre los calcetines, porque según él no era lo suficientemente buena para ser publicada. No todo es escrito para ser leído o mejor dicho, no todo es escrito para ser comprado. Sin embargo, desde hace 20 años degotean sus escritos.
Este mes llegaban noticias de inéditos de Roberto Bolaño (El Chacal contraataca) y Arthur Miller. Y los fans del ya fallecido Stieg Larsson, el nórdico que llegó del frío para arrasar en las librerías mediterráneas con sus trilogía Millenium, buscan incansables en los foros más rumores de una cuarta entrega, inacabada y enterrada en alguna carpeta de Mis Documentos.
Las obras póstumas, inéditas, inacabadas o las notas escritas a lápiz en el borde de un ticket del Caprabo de cualquier autor de culto o best-sellerista deben estar en un museo, pero no en las librerías. Son un legado cultural, aunque a veces sus textos (y su voz) se utilicen para vender coches.
por Javier Cercas
Se trata de un éxito colosal, del que periódicamente nos llegan noticias; la última hasta el momento es que 2666 -la novela póstuma de Bolaño- obtuvo el pasado mes de marzo el premio a la mejor novela publicada en 2008 que otorga el Círculo Nacional de Críticos Literarios de Estados Unidos, después de haber cosechado críticas inmejorables y haberse convertido en un auténtico best seller, cosas todas ellas extraordinarias en un país casi blindado frente a la literatura extranjera. Las respuestas a la pregunta fantasmal son desde luego muy variadas. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a su muerte prematura y al hecho de que se haya construido en torno a él una leyenda maldita y en parte falsa de perseguido político, marginado literario y adicto a la heroína. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a que en cierto modo Bolaño era un escritor norteamericano, cuyos modelos literarios son norteamericanos y cuya prosa funciona mejor en inglés que en castellano. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a que ha encontrado un gran editor norteamericano que ha sabido usar todas esas cosas para convertir a Bolaño en un gran éxito norteamericano. He leído muchas respuestas más, pero todas ellas me producen la embarazosa sensación de que han sido ingeniadas no sólo para rebajar el mérito del éxito de Bolaño, lo que a fin de cuentas no tendría ninguna importancia, sino para rebajar el mérito de la obra de Bolaño, lo que sí la tiene. Confieso que no alcanzo a entenderlas. Hay muchos escritores que han muerto de forma prematura y rodeados de una leyenda más o menos maldita que nunca han conseguido el éxito de Bolaño, ni es probable que lo consigan. Hay muchos escritores que en cierto modo son escritores norteamericanos porque sus modelos literarios son norteamericanos y que nunca han conseguido el éxito de Bolaño, ni es probable que lo consigan (lo de que Bolaño funciona mejor en inglés que en castellano tendrán que explicármelo mejor, porque dicho así la verdad es que da un poco de risa). Y en cuanto a su editor norteamericano, nadie duda de que esté haciendo muy bien su trabajo, pero asimismo lo hizo muy bien su editor español, y en todo caso, aunque su editor americano le haya dado mucho a Bolaño, es imposible que le haya dado más de lo que le dio su editor español, que es lo más importante que al menos en determinado momento le puede dar un editor a un escritor: confianza en sí mismo, una confianza que -me parece que no me equivoco- hasta entonces Bolaño no había tenido.
En realidad la pregunta fantasmal es, creo, una pregunta equivocada; la pregunta acertada es quizá otra. Doy por hecho que todos ustedes ya han leído a Bolaño; si no lo han leído, por una vez -y sin que sirva de precedente- háganme caso: tiren ahora mismo a la papelera este artículo, corran a la librería más próxima, rompan el escaparate a patadas, llévense cualquier libro de Bolaño y, después de pagar religiosamente libro y escaparate, dediquen los próximos días a leerlo. Entonces coincidirán conmigo en que quizá la pregunta acertada no es por qué Bolaño tiene éxito cuando está muerto, sino por qué no lo tuvo cuando estaba vivo. Por supuesto, 2666 -la obra póstuma que lo ha consagrado en Estados Unidos, y en todas partes- es una novela excepcional, pero también son excepcionales Los detectives salvajes y Estrella distante y La literatura nazi en américa y sus libros de cuentos y todo o casi todo lo que escribió a partir del momento en que se convirtió en una máquina omnívora de picar la realidad y convertirla en gran literatura. A algunos nos dolía la boca de decirlo -lo que en honor a la verdad no tiene ningún mérito: para advertir que Bolaño era grande bastaba leerlo-, pero no sirvió de mucho y, aunque al final de su vida gozaba de un fuerte prestigio minoritario, lo cierto es que sus libros nunca le alcanzaron para llevar más que una modestísima vida monástica. Esto, a ratos, me parece triste; miento: me parece una putada tremenda. Pero sólo me lo parece a ratos.
Porque la realidad es que Bolaño conoció en vida un éxito absoluto. Quiero decir que la pregunta fantasmal es una pregunta equivocada y la pregunta que a primera vista parece acertada también es una pregunta equivocada. Todo escritor de verdad sabe que el éxito y el fracaso (o eso que suele llamarse éxito y fracaso) son espejismos: la prueba es que lo obtienen escritores buenísimos, escritores buenos, escritores regulares, escritores malos y escritores malísimos; o dicho de otro modo: todo escritor de verdad sabe lo que son de verdad el éxito y el fracaso. Cyril Connolly escribió que "la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra". Hay poquísimos escritores que consiguen crearla; en mi opinión, Bolaño fue uno de ellos: experimentó la intensidad incomparable de escribir no una obra maestra sino más de una. Nadie que yo haya conocido sabía mejor que Bolaño que para un escritor no hay ningún éxito que pueda ni remotamente compararse a ése.
"Yo sabré cuándo estén a punto de boca los pasteles que estoy horneando", detalló el escritor colombiano.- El Nobel de literatura colombiano, Gabriel García Márquez, dice que sigue escribiendo.
"No sólo no es cierto, sino que lo único cierto es que no hago otra cosa que escribir", dijo Márquez en una breve entrevista publicada el domingo en el diario El Tiempo, que le consultó sobre las recientes versiones de que no volvería a escribir un libro.
Desde su estudio en México, García Márquez agregó, que "mi oficio no es publicar, sino escribir".
"Yo sabré cuándo estén a punto de boca los pasteles que estoy horneando", añadió el Nobel en referencia a que sólo él conoce cuándo estarán listos o 'a punto de boca' los escritos que elabora o que 'hornea'.
A fines de marzo pasado el diario chileno La Tercera publicó declaraciones de la agente literaria Carmen Balcells, de Barcelona, que edita al premio Nobel colombiano, indicando que "sospechaba" que García Márquez no volvería a escribir.
"Creo que García Márquez no volverá a escribir nunca más, y es un cliente que representa el 36,2% de facturación" de la editorial, dijo Balcells al diario chileno, refiriéndose a su Agencia Literaria Carmen Balcells.
El escritor, de 81 años, y ganador del Nobel de Literatura en 1982, publicó su último libro "Memorias de mis putas tristes" en 2004, indicó el Tiempo.










Todas las personalidades que el poeta fue adquiriendo y desechando en una imparable huida hacia delante: un bohemio en París y en el Londres victoriano, en un mercenario en Java y en un hábil traficante de armas y explorador en África Oriental. Una biografía que deja "crecer" a Rimbaud.
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Alejandro Sawa, bohemio español


“Desde hace algún tiempo el escritor ha dejado de tener la arrogancia de creer que puede cambiar el mundo o de que sus relatos y novelas forjan un mejor modelo de vida. Hoy sólo quiere ser testigo”, consideró el autor francés en Estocolmo.


pero sí un merecido lugar en la narrativa peruana.
sted tenga de lo que es una palabra grosera. Y me pidió que diga cuál era mi concepción. Le dije, mire usted, la palabra justicia en boca de un juez que no hace justicia y que recibe coimas, es grosera. La palabra Dios en boca de un sacerdote que no lleva una vida correcta, esa palabra se convierte en grosería en sus labios. La palabra patria en boca de un militar traidor, es una tremenda grosería. Pero cuando a un muchacho de cualquier barrio pobre de Lima, alguien viene y le da un golpe y este voltea y le dice "qué te pasa concha tu madre", esa palabra es buena porque le sale desde el fondo de su alma. Es una palabra sincera. Me sacaron del aire.
